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En el segundo día de cambios, Cristina lo echó a Moreno

Dejará Comercio Interior el 2 de diciembre. Aún no se conoce su reemplazo. Procesado por abuso de autoridad, manejó la economía, falseó estadísticas, presionó a empresarios e impulsó el cepo al dólar.

 


Cristina Kirchner volvió el lunes con cambios de Gabinete, pero el anuncio más trascendente se lo guardó hasta ayer. Para sorpresa de todos, aún de sus rivales internos que ya celebran, Guillermo Moreno, el secretario de Comercio Interior, el “supersecretario” consentido de la Presidenta, cuanto más criticado por su estilo y sus fracasos más avalado por ella, dejará su cargo el próximo 2 de diciembre.

 

Un desprendimiento de alto impacto que fue presentado por el Gobierno como una renuncia, con fecha diferida y partida a una suerte de “exilio dorado”, la agregaduría económica en la embajada argentina en Italia.

 

Inesperada, la renuncia de Moreno es la mayor movida de la Presidenta en su estructura real de gobierno.

 

Consecuencia de la derrota en las legislativas del 27 de octubre y de la necesidad de un rediseño que le permita transitar los dos años que le quedan de poder.

 

En fuentes de Balcarce 50 que admitían su sorpresa, evaluaban que la salida de Moreno hará que el tándem destinado a manejar los rumbos de la economía, Jorge Capitanich como jefe de Gabinete y Axel Kicillof ministro de Economía, quienes juran hoy sus cargos, “empiece con el terreno despejado”. Capítulo aparte será la dinámica de funcionamiento de ese dúo.

 

Ante esta renuncia no todos concuerdan con la lectura de un kirchnerismo en retirada. Pero Moreno, secretario desde 2005, y que en 2007 intervino el INDEC para manipular sus estadísticas, al igual que Cristina Kirchner (ella reelecta con su 54%) alcanzó su pico máximo en 2011, cuando la Presidenta no sólo lo confirmó: le dio además el manejo de amplias áreas de comercio exterior (donde entronizó a Beatriz Paglieri) que le fueron quitadas a la Cancillería y al Ministerio de Industria.

 

La renuncia de Moreno fue anunciada al final de la tarde por el Secretario de Comunicación, Alfredo Scoccimarro, en la Casa de Gobierno. Y enseguida levantó revuelo, con multiplicación de especulaciones sobre el impacto y eventual rumbo económico que podría traer aparejado. Siempre con aval de Cristina, Moreno era el principal defensor de la manipulación de los índices de inflación.

 

La decisión fue recibida con alivio en varios despachos oficiales. En Hacienda, por el entorno de Kicillof, quien tuvo un acercamiento pragmático con Moreno pero mantenía serias diferencias en muchos aspectos, como la política de precios. También cayó bien en el ala política. Cerca de un importante ministro lo percibían como un escollo para “el modelo” y decían días atrás a este diario que “el personaje” se había terminado devorando al funcionario.

 

Gobernadores aliados, a los que Cristina Kirchner busca contener con la designación de Capitanich, fueron propiciadores de la renuncia.

 

Rostro visible de esta avanzada fue el misionero Maurice Closs, que le reclamó que “reconozca la inflación real” y lo acusó de desincentivar la producción yerbatera con sus controles de precios.

 

Para todos era inamovible porque la Presidenta lo “bancaba”, desde sus métodos rudimentarios para “negociar” con empresarios (está procesado por abuso de autoridad en la causa de las consultoras), a sus iniciativas, desde la milanesa o la merluza “para todos” que llegó a pocos y duró un suspiro, al viaje a Angola, o al plan lanzado con tono épico por Cristina para vigilar los precios con militantes. Ante la fuga de divisas que ponía en jaque al gobierno reelecto, también el cepo cambiario fue inspiración de Moreno a fines de 2011.

 

Pero desde entonces se han sumado más restricciones y sin embargo el país no ha dejado de perder reservas, actualmente en 33 mil millones de dólares, su nivel más bajo desde 2007.

 

“Cristina necesitaba oxigenar, demostró poder real y que ella ejerce la autoridad. Todos los que se van son amigos, no hay cuestiones personales”, evaluó ante Clarín una alta fuente oficial. La salida de Moreno, con su derroche de cotillón y su facilidad para el grito y el insulto, es casi un final de época. No faltan quienes lo reconocieron por eso. Un ministro le regaló hace poco para su cumpleaños una camiseta de la Selección con el número 2 y la inscripción en la espalda, como nombre, “Gladiador”. (Clarín)

Política
08:45 20/11/2013
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